Cómo elegir la colcha adecuada para tu cama: tipos, medidas y claves para acertar
Elegir una colcha parece una de esas decisiones sencillas hasta que empiezas a mirar modelos y aparecen las dudas: bouti o capa, con relleno o sin él, jacquard, piqué, lisa, estampada, más o menos caída… Y, de pronto, aquella compra que empezaba por «quiero cambiar un poco el dormitorio» exige saber bastante más de lo previsto.
La parte estética importa, naturalmente. Una colcha ocupa una superficie enorme dentro de la habitación y puede cambiar por completo la sensación del dormitorio sin tocar ni un mueble. Pero antes del estampado, del color o de si queda estupenda con esos cojines que ya tenemos, conviene resolver una cuestión más práctica: qué esperamos realmente de ella.
No necesita la misma colcha quien busca simplemente vestir la cama durante el verano que quien quiere una capa ligera para las noches frescas de primavera y otoño. Tampoco es lo mismo una cama con un colchón bajo que otra sobre un canapé alto, donde una colcha demasiado justa puede quedarse literalmente a medio camino.
Qué es una colcha y para qué sirve
La colcha o cubrecama es la pieza que se coloca sobre el resto de la ropa de cama y que queda visible cuando la cama está hecha. Su función puede ser fundamentalmente decorativa o incorporar además cierto aislamiento térmico, dependiendo de su construcción, tejido y, en algunos modelos, del relleno interior. La propia definición de bedspread recoge precisamente esa idea de cubierta decorativa colocada sobre la cama.
Por eso resulta algo impreciso afirmar que todas las colchas son necesariamente prendas para primavera u otoño. Una colcha muy fina puede utilizarse prácticamente como elemento decorativo en verano, mientras que una bouti con mayor acolchado proporciona bastante más abrigo. Más que mirar el nombre de la prenda, interesa fijarse en cómo está confeccionada.
Y aquí empieza la diferencia entre los distintos tipos de colchas.
Colcha bouti: cuando quieres algo de acolchado
La colcha bouti se reconoce por su estructura acolchada. Habitualmente encontramos dos capas de tejido entre las que se dispone un relleno ligero, sujeto mediante un acolchado o pespunte que, además de mantenerlo repartido, forma parte del propio diseño de la prenda. Es, técnicamente, la misma lógica constructiva de otros textiles acolchados: capas exteriores, material interior y costuras que estabilizan el conjunto.
Precisamente ese relleno es lo que diferencia a una bouti de una colcha capa convencional y lo que le proporciona algo más de cuerpo y abrigo.
Aquí conviene desmontar una idea que se repite bastante: una colcha no deja de ser bouti porque supere un determinado gramaje. No existe un límite universal de 150 g/m² que marque dónde termina una bouti y empieza otra categoría. El gramaje varía según fabricante, colección y modelo; incluso dentro del catálogo actual de LaNovenaNube encontramos boutis con rellenos de distintos pesos, por lo que debe interpretarse como una característica del producto y no como una definición de la prenda.
En la práctica, cuanto más ligero sea el relleno, más fácil será utilizarla cuando las temperaturas sean suaves. Si buscas una bouti porque eres friolera o porque el dormitorio refresca bastante por la noche, puedes permitirte algo más de cuerpo; si tu intención es vestir la cama durante los meses cálidos, probablemente agradecerás un acolchado más ligero.
En LaNovenaNube se pueden consultar distintos modelos dentro de la categoría de colchas de cama, tanto de marcas seleccionadas como de fabricación propia en determinados modelos. La variedad actual confirma precisamente que bajo la denominación bouti pueden encontrarse construcciones y gramajes diferentes.
Colcha capa: más ligera y con una caída diferente
Si la bouti gana cuerpo gracias al acolchado, la colcha capa hace justo lo contrario: prescinde normalmente del relleno y deja que sea el propio tejido el que defina su caída, textura y aspecto.
Por eso suele resultar más ligera y es una elección muy práctica cuando queremos cubrir y vestir la cama sin añadir demasiado abrigo. También funciona especialmente bien en dormitorios donde interesa conseguir una cama visualmente ordenada, pero sin el volumen de un edredón o de una colcha acolchada.
Encontraremos colchas capa con esquinas redondeadas, acabados con vivo o ribete y modelos completamente rectos; son detalles de confección, no requisitos que definan la categoría. Lo mismo ocurre con el carácter reversible: algunas lo son y otras no.
Aquí merece la pena fijarse especialmente en la caída del tejido. Una capa demasiado rígida puede quedar bonita en una fotografía perfectamente colocada, pero resultar menos cómoda en el uso cotidiano; una tela con algo más de movimiento se adapta mejor a las esquinas y al lateral del colchón.
Es una de esas cosas que en decoración se aprende pronto: lo que queda impecable con cuatro alfileres para una sesión de fotos no siempre es lo que queremos recolocar cada mañana.
Colchas jacquard: el dibujo está en el propio tejido
El término jacquard genera bastante confusión porque a menudo se utiliza como si identificara una composición concreta. No lo hace.
Jacquard es una técnica de tejido que permite crear motivos complejos controlando de manera individual o selectiva los hilos de urdimbre durante el proceso de tejeduría. Su desarrollo mecanizado durante el siglo XIX permitió elaborar diseños textiles mucho más complejos y tuvo una enorme influencia en la fabricación posterior de tejidos decorativos. El Victoria and Albert Museum, por ejemplo, conserva numerosos tejidos jacquard dentro de sus colecciones históricas.
La consecuencia práctica para quien compra una colcha es mucho más sencilla: el motivo forma parte de la estructura del tejido, en lugar de limitarse necesariamente a un estampado aplicado sobre la superficie.
Eso permite trabajar relieves, dibujos geométricos, florales, damascos o pequeños motivos que cambian sutilmente con la luz y que pueden resultar especialmente interesantes cuando buscamos una cama con textura pero sin recurrir a estampados muy marcados.
Una colcha jacquard puede ser, además, una colcha capa. De hecho, en el catálogo actual de LaNovenaNube encontramos varios ejemplos de colchas capa confeccionadas con tejidos jacquard.
Y conviene quedarse con otra idea: jacquard describe cómo se ha tejido, no de qué fibra está hecho. Después habrá que mirar la etiqueta para conocer su composición.
Colchas lisas: cuando la textura hace el trabajo
Una colcha lisa no tiene por qué ser aburrida ni completamente plana. De hecho, cuando desaparece el estampado, la textura cobra mucho más protagonismo.
Piqué, pequeños dibujos jacquard, relieves geométricos, líneas o topos pueden crear sombras y profundidad manteniendo una paleta de color prácticamente uniforme. Es una fórmula especialmente fácil de integrar cuando en el dormitorio ya tenemos otros elementos con bastante personalidad, como un papel pintado, un cabecero tapizado o unas cortinas estampadas.
Los tonos naturales, blancos, beige, piedra, gris o colores empolvados suelen funcionar bien precisamente porque permiten cambiar posteriormente cojines, mantas o pequeños complementos sin tener que replantear toda la cama.
Dentro de las colchas lisas de LaNovenaNube conviven modelos propios y prendas de otras marcas seleccionadas. Un ejemplo de fabricación propia es la colcha capa TOPOS de LaNovenaNube, confeccionada en España con tejido jacquard; un buen ejemplo, además, de cómo una colcha visualmente lisa puede apoyarse en el relieve para ganar interés.
¿Bouti o colcha capa? La pregunta que realmente ayuda a elegir
Si dejamos durante un momento el color y el estampado a un lado, la decisión es bastante lógica.
Una bouti tiene sentido cuando queremos una cama algo más mullida y agradecemos un punto adicional de abrigo. Una colcha capa encaja mejor cuando buscamos ligereza, caída y una función principalmente decorativa.
Pero no compraría una u otra basándome únicamente en la estación del año. Dos dormitorios separados por pocos kilómetros pueden comportarse de forma completamente distinta si uno recibe sol toda la tarde y otro permanece fresco; también hay personas que duermen perfectamente con una capa ligera cuando otras siguen buscando una manta.
«Antes de elegir el dibujo de una colcha, decide cuánto abrigo quieres añadir a la cama. El diseño puede enamorarte en cinco segundos; equivocarte con el peso de la prenda lo recordarás cada noche.»
— Gema Dorado, especialista en lifestyle y hogar
Cómo elegir el tamaño correcto de la colcha
Este es probablemente el punto en el que más errores se cometen porque solemos comprar pensando únicamente en el ancho del colchón: cama de 90, de 135, de 150…
Pero para que una colcha quede bien hay que pensar también en cuánto queremos que caiga por los laterales.
Una forma sencilla de calcularlo es medir el ancho real del colchón y sumar dos veces la caída lateral deseada. Si el colchón mide 150 cm de ancho y queremos aproximadamente 45 cm de caída a cada lado, necesitaremos alrededor de 240 cm de ancho de colcha.
150 + 45 + 45 = 240 cm.
No significa que exista una medida obligatoria: es simplemente una forma mucho más fiable de saber cómo quedará la prenda antes de comprarla.
También conviene medir desde la superficie superior del colchón hasta el punto donde queremos que termine la colcha. Un colchón especialmente alto, un canapé visible o una cama con patas pueden hacer que una medida que sobre el papel parecía correcta se vea demasiado corta.
En camas pegadas a la pared o con un lateral que no queda visible, las necesidades pueden ser diferentes. Y si buscamos una caída generosa, de esas camas que prácticamente rozan el suelo, habrá que tenerlo en cuenta antes de elegir talla.
Para revisar medidas concretas según el colchón, puede consultarse también la guía de medidas de ropa de cama de LaNovenaNube, donde se explican las medidas orientativas para colchas, boutis y otras prendas.
El tejido importa tanto como el dibujo
Una vez decididos el tipo de colcha y la medida, entonces sí merece la pena detenerse en la composición y en el tejido.
No existe una fibra que sea automáticamente superior para todas las colchas. Algodón, poliéster y mezclas de distintas fibras se utilizan con resultados muy diferentes según la estructura del tejido, el acabado y el uso previsto.
Por eso prefiero fijarme en el conjunto y no convertir una etiqueta en una competición. Una colcha que va a utilizarse a diario tiene que resistir bien el mantenimiento que exige una casa real; si además convivimos con niños o animales, probablemente valoraremos especialmente que pueda lavarse con facilidad. En una habitación de invitados que se utiliza de manera ocasional, en cambio, quizá pese más la caída o el efecto decorativo.
Antes de comprar conviene revisar siempre la composición, las instrucciones de lavado y, cuando exista relleno, su gramaje. Tres pequeños datos dicen mucho más sobre cómo se comportará la colcha que cualquier adjetivo colocado delante del nombre del producto.
Cómo combinar la colcha con el resto del dormitorio
Aquí ya entramos en ese territorio donde las normas empiezan a resultar menos interesantes que el criterio.
No hace falta coordinar exactamente la colcha con las cortinas, los cojines y el cabecero. De hecho, cuando todo pertenece a la misma gama y repite exactamente el mismo dibujo, el dormitorio puede perder profundidad.
Funciona mejor buscar alguna relación: repetir uno de los colores del estampado, introducir un cojín con una textura diferente o utilizar una manta doblada a los pies de la cama para romper una superficie demasiado uniforme.
Si la habitación ya tiene muchos elementos, una colcha lisa o con un jacquard discreto suele ordenar visualmente el conjunto. Si las paredes y los muebles son muy neutros, la cama puede permitirse asumir más protagonismo mediante un estampado o un color con mayor presencia.
La cuestión no es conseguir una habitación de catálogo, sino una cama que siga gustándonos cuando desaparezcan los cojines perfectamente colocados y llegue el martes por la mañana.
Entonces, ¿qué colcha elegir?
Empezaría por tres decisiones muy sencillas: cuánto abrigo necesitamos, qué caída queremos y qué mantenimiento estamos dispuestos a asumir. Después vendrán el color, el estampado y todos esos detalles que hacen que una colcha nos llame la atención entre veinte modelos.
Si queremos algo ligero y predominantemente decorativo, una colcha capa suele encajar mejor. Cuando buscamos algo más de cuerpo y un acolchado fino, tiene más sentido mirar una colcha bouti. El jacquard, por su parte, no compite con ellas: define una técnica de tejido y puede aparecer en distintos tipos de colcha.
Y antes de pulsar el botón de compra, merece la pena hacer algo bastante menos emocionante pero infinitamente más útil: sacar la cinta métrica.
Porque una colcha puede ser preciosa, estar bien confeccionada y encajar perfectamente con el dormitorio; si se queda diez centímetros corta por cada lado, será lo primero que veremos cada mañana.



