Sacos nórdicos: qué son, cómo funcionan y cuándo merece la pena elegir uno

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Hay camas infantiles que parecen diseñadas para poner a prueba nuestra paciencia. Las literas, las camas nido y las que están arrimadas a una pared tienen muchas virtudes cuando el espacio escasea, pero hacerlas cada mañana exige a veces unas habilidades de contorsionista que nadie mencionó cuando compramos el dormitorio.

El saco nórdico nació precisamente para resolver buena parte de ese problema. Su peculiaridad no está tanto en el relleno como en la forma en la que se construye la ropa de cama: la parte superior queda unida mediante cremalleras a una sábana bajera ajustable, de manera que el conjunto permanece colocado sobre el colchón y resulta mucho más sencillo abrirlo, cerrarlo y volver a dejar la cama ordenada.

Es una solución especialmente habitual en dormitorios infantiles y juveniles, aunque conviene entender bien cómo funciona antes de compararla con una funda nórdica o con un edredón ajustable. Los tres pueden abrigar; lo que cambia, sobre todo, es la manera en que se sujetan a la cama y se utilizan a diario.

Qué es exactamente un saco nórdico

Un saco nórdico de cama no es un saco de dormir como los que utilizamos para acampar. Aunque el nombre pueda llevar a engaño, estamos hablando de una pieza de ropa de cama diseñada para utilizarse sobre un colchón convencional.

La configuración más habitual incorpora una sábana bajera ajustable y una parte superior unidas mediante cremalleras laterales. Entre ambas suele existir un fuelle de tejido que proporciona cierto margen de movimiento y evita que el conjunto quede excesivamente ceñido alrededor de quien duerme.

Dependiendo del fabricante y del modelo, el juego puede incluir también funda de almohada y relleno nórdico, mientras que otros permiten comprarlo con relleno o sin él. Es un detalle que merece la pena comprobar porque no existe una única configuración universal para todos los sacos nórdicos.

En modelos actuales de Cañete, por ejemplo, encontramos conjuntos para camas de 90 y 105 cm compuestos por saco, sábana bajera y funda de almohada, disponibles con o sin relleno; otros productos del mercado se comercializan únicamente para cama de 90 cm o incorporan directamente el relleno.

Por eso, cuando alguien pregunta «¿qué incluye un saco nórdico?», la respuesta correcta es menos rotunda de lo que parece: depende del modelo.

Saco nórdico y funda nórdica no son lo mismo

La diferencia se comprende mejor pensando en lo que ocurre cada mañana.

En una funda nórdica convencional, el relleno se introduce dentro de una funda independiente y todo el conjunto descansa libremente sobre la cama. Podemos retirarlo, doblarlo, sacudirlo y colocarlo como cualquier edredón.

En el saco nórdico, en cambio, la cubierta superior está vinculada a la bajera mediante cremalleras. Al levantarnos no hay que volver a extender el nórdico desde cero: se coloca la parte superior y se cierran o ajustan los laterales.

Esa sujeción es precisamente la razón por la que resulta interesante en camas nido, literas o dormitorios donde uno de los lados queda pegado a una pared. No elimina mágicamente la tarea de hacer la cama, pero sí reduce bastante esa maniobra cotidiana de meter brazos donde no caben y alisar una esquina que parece haberse declarado independiente.

Además, al quedar la parte superior sujeta a la bajera, la ropa de cama se desplaza menos durante la noche que con una funda nórdica completamente suelta.

«La principal ventaja de un saco nórdico no está en que abrigue más, sino en cómo organiza la cama: antes de elegirlo por el dibujo, piensa si su sistema de cremalleras realmente te facilita el día a día.»

— Clara Gomarro, redactora especializada en decoración y orden

Las cremalleras y el fuelle: la parte que conviene mirar bien

Cuando se compra un saco nórdico solemos fijarnos primero en el estampado —especialmente si quien va a dormir allí tiene una opinión muy clara sobre dinosaurios, planetas o unicornios—, pero desde el punto de vista práctico interesa observar antes la confección.

Las cremalleras laterales permiten unir la parte superior con la bajera y abrir el saco para entrar y salir de la cama. En algunos diseños aparecen a ambos lados, mientras que la construcción concreta puede variar entre fabricantes.

El fuelle es igualmente importante. Se trata de la pieza de tejido que proporciona holgura entre la bajera y la parte superior, evitando que ambas queden unidas como dos superficies completamente planas. Es ese margen el que permite moverse con mayor comodidad dentro de la cama.

En los modelos actuales de Cañete comercializados por LaNovenaNube, por ejemplo, la sábana bajera aparece unida mediante cremallera y fuelle al saco superior.

No conviene, por tanto, juzgar dos sacos únicamente por el diseño exterior. La calidad y posición de las cremalleras, la amplitud del fuelle, las medidas de la bajera y la posibilidad de retirar el relleno influyen bastante más en el uso diario.

¿Los sacos nórdicos son solo para camas de 90?

No.

La cama de 90 cm sigue siendo una de las medidas más habituales para este tipo de producto, especialmente en dormitorios infantiles y juveniles, pero actualmente existen también sacos nórdicos para camas de 105 cm.

En el catálogo de LaNovenaNube conviven ambas situaciones: algunos modelos se fabrican exclusivamente para 90 cm y otros están disponibles para 90 y 105 cm.

Es una distinción importante porque el artículo original presentaba los sacos nórdicos como productos diseñados únicamente para camas individuales de 90 cm, algo que ya no describe correctamente el mercado.

Además del ancho, hay otro dato que suele olvidarse: el largo y la altura del colchón. Un saco que encaja en un colchón de 90 cm de ancho puede no hacerlo correctamente si la bajera no está confeccionada para su longitud o su grosor.

Antes de comprar, conviene comprobar las medidas completas indicadas por el fabricante y no limitarse a pensar «mi cama es de 90».

Por qué funcionan tan bien en camas nido y literas

Probablemente sea aquí donde el saco nórdico tiene más sentido.

En una cama convencional accesible por ambos lados, hacer la cama puede llevar algo más o algo menos, pero tenemos margen para movernos alrededor. En una cama nido, una litera o una cama encajada entre muebles y pared, ese mismo gesto se vuelve bastante más incómodo.

Al permanecer la bajera y la parte superior vinculadas, no es necesario colocar cada mañana una prenda voluminosa intentando repartir exactamente la misma caída a ambos lados. Esa es la razón por la que distintos fabricantes y modelos actuales presentan el saco nórdico específicamente como una solución para camas nido y dormitorios infantiles.

También puede ayudar a que los niños empiecen a participar antes en la tarea de hacer su propia cama. No porque aparezca de pronto una vocación inesperada por el orden doméstico, sino porque la operación se simplifica: estirar, colocar y cerrar resulta bastante más intuitivo que manejar un nórdico grande que termina sistemáticamente acumulado en los pies.

¿Evita que los niños se destapen por la noche?

Esta es una de las ventajas que más se atribuyen a los sacos nórdicos, aunque prefiero expresarla con algo más de precisión.

Como la cubierta superior permanece unida a la bajera, es más difícil que termine completamente desplazada o en el suelo que una funda nórdica convencional. De ahí que se utilice mucho con niños que se mueven bastante mientras duermen.

Eso no significa que el sistema inmovilice al niño —ni debería hacerlo— ni que podamos garantizar que nunca vaya a destaparse. El fuelle permite movimiento y la sensación dependerá también de la talla correcta, la confección y la manera de dormir de cada persona.

Su ventaja real es bastante más sencilla: la ropa de cama queda más controlada y tiene menos libertad para viajar durante la noche.

¿Se puede quitar el relleno nórdico?

En muchos modelos, sí; en otros la configuración puede ser diferente.

Actualmente encontramos sacos vendidos con o sin relleno, lo que permite utilizar la misma estructura de cama con diferentes niveles de abrigo según la época del año. Otros conjuntos incorporan directamente un relleno determinado.

Por eso no mantendría la afirmación del artículo original de que todos disponen de «una cremallera interna superior» para retirarlo. Es una característica que puede encontrarse en determinados productos, pero no debe darse por supuesta.

Desde el punto de vista práctico, poder separar el relleno resulta interesante porque facilita adaptar la ropa de cama a distintas temperaturas y simplifica el lavado de las partes textiles cuando el fabricante ha previsto que puedan desmontarse.

En cualquier caso, antes de meter el conjunto en la lavadora hay que consultar la etiqueta de conservación de ese modelo concreto. Composición, tipo de relleno, construcción y cremalleras condicionan el programa, la temperatura y el secado adecuados.

Saco nórdico o edredón ajustable: dos soluciones parecidas, pero no iguales

Es probablemente la comparación más útil antes de comprar.

Tanto el saco nórdico como el edredón ajustable buscan solucionar un problema parecido: mantener la ropa de cama colocada y facilitar el arreglo de camas en las que una prenda convencional resulta incómoda.

La diferencia está en la construcción.

El saco nórdico incorpora normalmente una bajera independiente unida mediante cremalleras a la parte superior. El niño duerme entre ambas piezas y el conjunto puede abrirse lateralmente.

El edredón ajustable, por su parte, es una única prenda acolchada confeccionada para adaptarse al colchón, habitualmente mediante gomas o un sistema de ajuste en la parte inferior. Los modelos actuales de LaNovenaNube muestran precisamente esa construcción ajustada, pensada también para camas nido y dormitorios juveniles.

¿Cuál elegir?

Si valoras especialmente que la parte superior permanezca unida a la bajera y que pueda abrirse mediante cremalleras, miraría primero los sacos nórdicos infantiles de LaNovenaNube. Ver sacos nórdicos infantiles

Si prefieres una única pieza acolchada que abrace el colchón y deje la cama recogida sin utilizar cremalleras laterales, probablemente tenga más sentido revisar los edredones ajustables. Ver edredones ajustables

No hay un ganador universal. Depende bastante de quién duerme allí, del tipo de cama y de qué tarea queremos simplificar.

Qué mirar antes de comprar un saco nórdico

Más que quedarse únicamente con el estampado, conviene revisar unas cuantas cuestiones que después se agradecen mucho en casa.

La primera es la medida completa del colchón: ancho, largo y altura. Después comprobaría qué incluye exactamente el juego, porque algunos incorporan relleno y otros permiten elegirlo aparte.

También miraría la composición de los tejidos, las instrucciones de lavado y la construcción de las cremalleras y del fuelle. Si queremos utilizar el saco durante diferentes estaciones, interesa especialmente saber si el relleno puede retirarse y qué gramaje tiene.

Y hay un último criterio que a veces olvidamos: quién va a utilizarlo. Un niño que ya hace su propia cama puede valorar mucho un sistema sencillo de abrir y cerrar; en cambio, para un adulto que lava y cambia la ropa con frecuencia, quizá pese más la facilidad para desmontar completamente cada pieza.

¿Merece la pena comprar un saco nórdico?

En determinadas camas, mucho.

No porque sea una versión «mejor» de la funda nórdica, sino porque resuelve de otra manera un problema muy concreto. En literas, camas nido, habitaciones pequeñas o camas apoyadas contra una pared, el sistema unido mediante cremalleras puede ahorrar bastantes maniobras cada mañana.

También resulta práctico cuando queremos limitar el desplazamiento de la ropa superior durante la noche y facilitar que los niños puedan colaborar en mantener su cama ordenada.

Para una cama accesible por todos los lados, en cambio, una funda nórdica convencional puede ofrecer mayor libertad a la hora de colocar, retirar y combinar las distintas piezas. Y si lo que buscamos es una única prenda acolchada que quede ceñida al colchón, quizá un edredón ajustable responda mejor.

Al final, esa es la pregunta que merece la pena hacerse antes de elegir: no qué sistema parece más novedoso, sino cuál hace más sencilla la cama que tenemos en casa.

Porque a las siete y media de la mañana, con una litera por hacer y cinco minutos para salir por la puerta, la teoría decorativa pierde bastante importancia. La practicidad, curiosamente, gana toda.

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