Símbolos de lavado: cómo leer las etiquetas

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Cómo cuidar bien los textiles

Hay una costumbre que puede alargar bastante la vida de una sábana, una toalla o cualquier prenda textil y que, sin embargo, seguimos pasando por alto con demasiada frecuencia: leer la etiqueta antes de meterla en la lavadora.

Las etiquetas de cuidado no están ahí para cumplir un trámite ni para llenar de pequeños dibujos incomprensibles una esquina de la prenda. Esos pictogramas indican cuál es el tratamiento más intenso que puede soportar el artículo sin sufrir un deterioro irreversible y, cuando aprendemos a interpretarlos, nos dan bastante información sobre cómo lavarlo, si admite blanqueantes, cómo debe secarse, a qué temperatura puede plancharse o si necesita limpieza profesional.

El sistema puede parecer complicado al principio, pero en realidad sigue una lógica bastante ordenada. Según el sistema internacional desarrollado por GINETEX y recogido en la norma ISO 3758:2023, los símbolos aparecen siguiendo cinco grandes grupos: lavado, blanqueo, secado, planchado y cuidado textil profesional. Además, hay una idea que conviene recordar desde el principio: la etiqueta indica el tratamiento máximo permitido, de manera que siempre podemos utilizar un proceso más suave o una temperatura inferior si la prenda no necesita un lavado tan intenso.

«Una etiqueta de lavado no nos dice cómo lavar deprisa una prenda, sino hasta dónde podemos llegar sin dañarla. En textil, elegir el tratamiento más agresivo porque “así quedará más limpio” suele ser justamente el camino contrario al que conviene seguir.»
— Juan Lledó, Técnico en Fabricación y Ennoblecimiento Textil

1. El símbolo de la cubeta: cómo lavar la prenda

El dibujo de una cubeta con agua corresponde al lavado doméstico y es uno de los símbolos que veremos con mayor frecuencia tanto en ropa de vestir como en ropa de cama.

Cuando en el interior aparece una cifra —30, 40, 60, 70 o 95 °C, por ejemplo— esa cifra indica la temperatura máxima de lavado que no debe superarse. No significa que estemos obligados a utilizarla siempre. Un artículo etiquetado para 40 °C puede lavarse a 30 °C si el grado de suciedad lo permite; lo que no deberíamos hacer es superar los 40 °C sin asumir el riesgo de alterar el color, las dimensiones, los acabados o determinados componentes del producto.

Aquí corregiría una confusión bastante habitual: los puntos no son el sistema utilizado actualmente para indicar la temperatura de lavado. En el sistema GINETEX/ISO la temperatura de la cubeta aparece expresada mediante números.

También hay que mirar lo que aparece debajo del símbolo. Si la cubeta no tiene ninguna línea inferior, estamos ante un proceso normal; una línea indica un proceso más suave, con menor acción mecánica, mientras que dos líneas señalan un tratamiento muy suave, habitual en prendas especialmente sensibles.

Esto es importante porque dos prendas pueden admitir exactamente la misma temperatura y, sin embargo, necesitar programas distintos. Un tejido puede soportar 40 °C pero no agradecer una centrifugación intensa ni un tambor completamente lleno.

Cuando aparece una mano dentro de la cubeta, hablamos de lavado a mano, y si la cubeta está tachada, la prenda no debe someterse a lavado doméstico con agua.

2. El triángulo: cuidado con lejías y blanqueantes

Después del lavado suele aparecer el triángulo, que informa sobre el uso de productos blanqueantes.

Es un símbolo que merece atención porque no todos los blanqueadores funcionan igual ni todos los colores y fibras reaccionan de la misma manera.

Un triángulo vacío indica que pueden utilizarse productos blanqueantes con cloro u oxígeno. Si aparecen dos líneas diagonales dentro del triángulo, únicamente están permitidos los blanqueantes basados en oxígeno, es decir, productos sin cloro. Cuando el triángulo aparece tachado, no debemos utilizar ningún tipo de blanqueante.

En ropa de cama blanca puede resultar tentador recurrir a la lejía cada vez que queremos recuperar luminosidad, pero hacerlo sistemáticamente no es una buena práctica. Determinadas fibras, tintes, estampados, hilos de costura o acabados pueden deteriorarse, por lo que la etiqueta debe prevalecer sobre la costumbre.

Que una sábana sea blanca no significa automáticamente que admita cloro.

3. El cuadrado: cómo secar correctamente los textiles

El cuadrado corresponde al secado y aquí encontramos dos grandes posibilidades: secado en máquina y secado natural.

Cuando dentro del cuadrado aparece un círculo, el artículo admite secado en secadora. Los puntos situados en su interior indican la intensidad térmica permitida: dos puntos corresponden al secado normal, con una temperatura de proceso de hasta unos 80 °C, mientras que un punto señala un proceso suave, aproximadamente hasta 60 °C. Si el símbolo del cuadrado con círculo está tachado, la prenda no debe introducirse en una secadora de tambor.

Es importante entender que no todas las fibras ni todas las construcciones se comportan igual ante el calor. Una temperatura elevada puede provocar encogimiento, deformación, pérdida de elasticidad o cambios en determinados acabados textiles.

En ropa de hogar esto se nota especialmente en prendas voluminosas, protectores, tejidos elásticos o artículos acolchados.

¿Y si el cuadrado tiene líneas?

En ese caso estamos ante indicaciones de secado natural.

Las líneas verticales indican diferentes formas de secado colgado, mientras que las horizontales hacen referencia al secado en plano, utilizado especialmente cuando el peso de la prenda mojada podría deformarla. Una línea diagonal situada en una esquina indica que ese secado debería realizarse a la sombra.

No hace falta memorizar todas las combinaciones el primer día, pero sí entender la lógica: el cuadrado habla del secado, el círculo interior de la secadora y las líneas del método de secado natural.

¿Conviene meter las toallas en la secadora?

Las toallas de algodón que admiten secadora suelen recuperar bastante bien su volumen después de pasar por ella, porque el movimiento mecánico del tambor ayuda a separar y levantar los bucles del rizo.

Eso no significa que debamos utilizar siempre la temperatura más alta.

Si la etiqueta admite secadora, un programa adecuado puede contribuir a mantener el tacto mullido, pero un secado excesivamente largo o demasiado caliente supone también una mayor agresión térmica y mecánica para el tejido.

En textiles de buena calidad, el objetivo no es aplicar siempre el máximo tratamiento permitido, sino utilizar el mínimo tratamiento necesario para conseguir el resultado que buscamos.

Puedes consultar también nuestros trucos para una colada impecable, donde hablamos de hábitos de lavado que ayudan a conservar mejor la ropa de hogar.

4. La plancha: los puntos sí indican temperatura

El símbolo de la plancha es probablemente uno de los más fáciles de reconocer y aquí sí encontramos el sistema de puntos que muchas personas recuerdan también, erróneamente, para el lavado.

Según la información actual de GINETEX, los puntos establecen la temperatura máxima de la suela de la plancha:

  • Un punto: temperatura baja, hasta aproximadamente 120 °C.
  • Dos puntos: temperatura moderada, hasta aproximadamente 160 °C.
  • Tres puntos: temperatura alta, hasta aproximadamente 210 °C.
  • Plancha tachada: no planchar.

La versión actual de la norma incorpora también indicaciones específicas relacionadas con el planchado sin vapor en determinados artículos sensibles.

Hay algo especialmente importante desde el punto de vista textil: no debemos decidir la temperatura únicamente por la fibra que creemos estar planchando.

Una sábana puede ser de algodón, pero incorporar bordados, estampaciones, aplicaciones o tratamientos que condicionen la temperatura permitida. GINETEX recuerda expresamente que la temperatura debe escogerse atendiendo a la etiqueta del producto completo, no únicamente a la composición de la fibra.

¿Hay que planchar las sábanas de algodón?

No necesariamente.

El artículo original afirmaba que todos los fabricantes recomiendan planchar las sábanas de algodón porque el calor y el vapor expanden la fibra y mejoran su transpirabilidad. Yo no mantendría esa afirmación porque no existe una regla técnica que obligue a planchar unas sábanas de algodón para conservar sus propiedades.

El planchado sirve principalmente para eliminar arrugas, mejorar la presentación y conseguir el tacto y aspecto que buscamos, siempre que la etiqueta lo permita.

Un algodón natural tiende a arrugarse porque la fibra tiene una recuperación elástica relativamente limitada. Si nos gusta la cama perfectamente lisa podemos plancharlo; si preferimos una apariencia más informal, un buen tendido y doblado pueden ser suficientes.

Para reducir arrugas ayuda bastante sacar las sábanas de la lavadora nada más terminar el ciclo, sacudirlas y tenderlas bien extendidas. Es una técnica bastante menos sofisticada que muchas soluciones comerciales y sigue funcionando estupendamente.

5. ¿Qué significa el círculo en una etiqueta de lavado?

El círculo aislado está reservado al cuidado textil profesional, pero aquí también merece la pena precisar algo que suele explicarse de manera demasiado sencilla.

No significa solamente «llevar a la tintorería».

Las letras del interior indican al profesional qué proceso y qué disolventes pueden utilizarse. La letra P permite determinados procesos de limpieza en seco con percloroetileno e hidrocarburos, mientras que la F restringe el proceso a hidrocarburos. Si aparece una W, estamos ante limpieza profesional en húmedo, que no debe confundirse con meter la prenda en una lavadora doméstica.

Como ocurre con el lavado, una línea debajo del círculo indica que el proceso profesional necesita ser más suave.

Y si el círculo correspondiente aparece tachado, ese tratamiento no está permitido.

Esta información es especialmente importante en prendas construidas con varios materiales —americanas, abrigos, cortinas confeccionadas, determinadas colchas o artículos decorativos— porque no solo tenemos que pensar en el tejido exterior. Forros, entretelas, adhesivos, rellenos o adornos también condicionan cómo puede limpiarse una pieza.

La etiqueta se refiere al producto completo, no solo a la fibra

Este concepto merece un apartado propio porque explica muchas aparentes contradicciones.

Podemos tener dos productos fabricados con algodón y encontrar instrucciones completamente diferentes en sus etiquetas.

¿Por qué?

Porque la composición de la fibra es solamente una parte del artículo textil.

También influyen el tipo de hilo, el ligamento, los tintes, la estampación, los procesos de ennoblecimiento, los acabados antiarrugas o suavizantes, los elásticos, las cremalleras, los bordados y cualquier otro componente utilizado en la confección.

GINETEX especifica que los símbolos deben contemplar precisamente los aspectos más críticos del producto completo, incluidos el color, los acabados, accesorios y aplicaciones.

Por eso una regla del tipo «el algodón se lava siempre a 60 °C» o «el poliéster siempre se plancha a baja temperatura» resulta demasiado simplista.

Primero composición; después, etiqueta de mantenimiento. Las dos informaciones se complementan, pero no sustituyen una a la otra.

¿Qué ocurre si utilizamos un tratamiento más suave que el indicado?

Normalmente, nada malo.

Este es uno de los aspectos menos conocidos de los símbolos de cuidado. La etiqueta establece el tratamiento máximo permitido sin provocar daños irreversibles, pero GINETEX señala expresamente que pueden utilizarse temperaturas inferiores y tratamientos más suaves.

Si unas sábanas admiten 60 °C pero simplemente necesitan un lavado habitual porque no presentan manchas ni necesidades higiénicas especiales, podemos utilizar una temperatura inferior si resulta adecuada para el detergente y el grado de suciedad.

Lo que no deberíamos hacer es razonar al revés y superar sistemáticamente las condiciones indicadas.

Un ciclo a mayor temperatura, un centrifugado más intenso o veinte minutos adicionales de secadora no convierten necesariamente la colada en una colada mejor; a menudo solo añaden desgaste.

Lavar menos, pero lavar mejor

También conviene desmontar otro hábito bastante extendido: lavar un textil después de cada uso no siempre equivale a cuidarlo mejor.

Cada lavado supone acción mecánica, agua, detergente, temperatura y, en determinados casos, secado y planchado posteriores. Todo ello forma parte del desgaste normal de cualquier tejido.

Naturalmente, la higiene manda cuando el producto necesita ser lavado, pero tampoco tiene sentido aplicar ciclos intensivos a prendas que apenas han sido utilizadas.

En ropa de cama, toallas y textiles del hogar hay que buscar un equilibrio entre higiene, frecuencia de uso, ventilación y conservación del tejido.

Desde fabricación lo vemos de una manera muy sencilla: cualquier textil tiene una vida útil y cada tratamiento cuenta. Elegir correctamente el programa no solo ayuda a reducir consumo de agua y energía; también evita someter las fibras a procesos innecesarios.

Cómo recordar los símbolos de lavado sin aprenderlos de memoria

No hace falta memorizar cada pictograma existente. Con entender cinco formas básicas ya tendremos buena parte del trabajo hecho:

La cubeta habla de lavado; el triángulo, de blanqueo; el cuadrado, de secado; la plancha, de planchado; y el círculo, de limpieza profesional.

Después solo tenemos que fijarnos en lo que aparece dentro o debajo de cada símbolo.

Las cifras de la cubeta indican temperatura máxima de lavado. Las líneas inferiores reducen la intensidad mecánica. Los puntos del secado y del planchado regulan la temperatura. Una cruz significa que ese tratamiento no debe realizarse.

Una vez entendida esta lógica, las etiquetas dejan de parecer una colección de jeroglíficos.

La mejor forma de cuidar un textil empieza antes de lavarlo

Después de muchos años trabajando con tejidos, una de las cosas que más me sorprende es la facilidad con la que podemos invertir bastante dinero en unas buenas sábanas, unas toallas o una colcha y después lavarlas exactamente igual que cualquier otra cosa que entra en el cesto.

No todos los textiles necesitan lo mismo.

Aprender a leer los símbolos de lavado de las etiquetas permite adaptar el mantenimiento a la construcción real de cada producto y evitar buena parte de los problemas habituales: encogimientos, pérdida de color, deformaciones, deterioro de los acabados o daños provocados por el exceso de temperatura.

Antes de estrenar una prenda de ropa de cama suelo recomendar algo muy sencillo: mira su composición y dedica diez segundos a leer la etiqueta de cuidado.

Son probablemente los diez segundos que más pueden ayudar a que ese tejido siga estando bien después de muchos lavados.

Juan Lledó
Técnico en Fabricación y Ennoblecimiento Textil y divulgador especializado en fabricación y tecnología textil. Colaborador de LaNovenaNube.

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