Ácaros en la almohada: cómo detectarlos y combatirlos

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Despertarse con la nariz congestionada, estornudos o picor de ojos puede hacernos mirar con cierta desconfianza hacia la almohada, sobre todo cuando los síntomas parecen empeorar durante la noche o nada más levantarnos. Los ácaros del polvo pueden estar detrás de algunas de estas molestias, aunque conviene empezar aclarando algo importante: tener estos síntomas no significa necesariamente que seamos alérgicos a ellos, porque existen muchas otras causas capaces de provocar una reacción parecida.

Lo que sí sabemos es que los ácaros encuentran en colchones, almohadas, alfombras, muebles tapizados y otros textiles domésticos un ambiente especialmente favorable, sobre todo cuando existe suficiente humedad. Por eso, si queremos reducir su presencia y, especialmente, la cantidad de alérgenos que se acumulan en el dormitorio, hay varias medidas sencillas que merece la pena incorporar a la rutina de limpieza.

«En una cama con problemas de ácaros, suele funcionar mejor la constancia que la limpieza agresiva: menos humedad, menos polvo acumulado y ropa de cama lavada con regularidad.»
— Clara Gomarro

¿Qué son los ácaros del polvo?

Aunque a menudo se les llama insectos, los ácaros pertenecen a la familia de los arácnidos, igual que las arañas y las garrapatas, y son tan pequeños que no podemos verlos a simple vista. Se alimentan principalmente de las diminutas escamas de piel que desprendemos de manera natural y encuentran alimento suficiente en lugares como la cama, los muebles tapizados o las alfombras.

El problema no es que nos piquen —los ácaros domésticos no necesitan morder ni picar para provocar una reacción—, sino que determinadas personas son sensibles a proteínas presentes en sus restos corporales y excrementos. Esas partículas se mezclan con el polvo y pueden desencadenar síntomas de alergia cuando entran en contacto con las vías respiratorias.

Esto también explica por qué encontrar ácaros no es necesariamente una señal de falta de higiene. Están presentes en muchísimos hogares y eliminarlos por completo resulta prácticamente imposible; el objetivo realista es reducir su población y, sobre todo, nuestra exposición a sus alérgenos.

¿Por qué se acumulan ácaros en almohadas y colchones?

La cama reúne varias condiciones que les resultan favorables: calor, humedad procedente de nuestra respiración y transpiración, textiles en los que pueden permanecer protegidos y una fuente constante de pequeñas partículas de piel.

La almohada merece especial atención porque pasamos muchas horas con la cara muy cerca de ella, pero no debería convertirse en la única preocupación. Los ácaros también pueden encontrarse en el colchón, el somier tapizado, mantas, edredones, alfombras, cortinas y otros elementos textiles del dormitorio.

Por eso, cuando existe una alergia confirmada, tratar únicamente la almohada suele quedarse corto. Hay que observar la cama y el dormitorio como un conjunto.

¿Cómo saber si tienes ácaros en la almohada?

A simple vista no puedes saberlo, porque necesitarías un microscopio para verlos. Tampoco existe un síntoma que permita afirmar por sí solo que la almohada tiene ácaros o que eres alérgico a ellos.

Entre los síntomas asociados a la alergia a los ácaros se encuentran los estornudos, congestión o secreción nasal y picor, enrojecimiento o lagrimeo de los ojos. En personas con asma también pueden aparecer sibilancias o dificultad respiratoria.

Una pista puede ser que las molestias empeoren al acostarse, al levantarse o durante la limpieza, cuando parte de los alérgenos depositados en el polvo pueden quedar temporalmente suspendidos en el aire. Pero esto sigue sin ser suficiente para realizar un diagnóstico.

Si los síntomas son frecuentes o importantes, especialmente si afectan al sueño o existe asma, lo adecuado es consultarlo con un profesional sanitario. Un alergólogo puede confirmar la sensibilización mediante pruebas cutáneas o análisis de IgE específica en sangre.

Cómo reducir los ácaros de la almohada y de la cama

No existe un único truco capaz de solucionar el problema. Las recomendaciones más eficaces combinan lavado frecuente, control de la humedad, fundas específicas y reducción del polvo.

1. Lava la ropa de cama con regularidad

Sábanas y fundas de almohada deberían lavarse aproximadamente una vez por semana cuando queremos reducir la carga de alérgenos del dormitorio.

Cuando el tejido y su etiqueta de cuidado lo permitan, el lavado con agua caliente a unos 54 °C o más ayuda a destruir los ácaros y a retirar alérgenos. Mayo Clinic recomienda esta temperatura para sábanas, fundas, mantas y otros textiles de cama.

Ahora bien, no conviene subir automáticamente la temperatura si el fabricante indica otra cosa. Algunas prendas de cama, fibras, rellenos o acabados requieren programas más suaves y la etiqueta del textil siempre debe prevalecer para evitar encogimientos o daños.

Lo importante es mantener una rutina de lavado frecuente. Si una pieza no tolera temperaturas elevadas, puede ser necesario utilizar otras medidas complementarias en lugar de estropearla intentando eliminar los ácaros a cualquier precio.

2. No olvides el protector de almohada y de colchón

Lavamos las sábanas con mucha frecuencia, pero a veces pasan meses antes de acordarnos del protector que hay justo debajo.

Los protectores lavables crean una barrera adicional entre nosotros y la almohada o el colchón y permiten retirar con mayor facilidad sudor, restos de piel y otros residuos acumulados.

Cuando existe una alergia confirmada a los ácaros, las recomendaciones médicas van un paso más allá y aconsejan utilizar fundas antiácaros específicas que envuelvan completamente almohada y colchón. Estas fundas están confeccionadas con materiales o tejidos suficientemente cerrados para actuar como barrera frente a los ácaros y sus alérgenos.

Y aquí conviene diferenciar conceptos: que una almohada se comercialice como hipoalergénica no significa automáticamente que su funda funcione como barrera antiácaros. Si necesitas esta protección, busca que el fabricante lo especifique expresamente.

3. Controla la humedad del dormitorio

Este es uno de los puntos que más se pasa por alto.

Los ácaros necesitan humedad ambiental para desarrollarse, por lo que mantener una humedad relativa inferior al 50 % dificulta su proliferación. Mayo Clinic y la Academia Americana de Alergia, Asma e Inmunología incluyen el control de la humedad entre las principales medidas ambientales frente a los ácaros.

Ventilar diariamente ayuda a renovar el aire, pero no establecería una regla rígida de “30 minutos todos los días”, porque el resultado depende del clima exterior y de la humedad de cada vivienda. En determinadas zonas húmedas, abrir durante mucho tiempo una ventana en un día especialmente húmedo puede no conseguir lo que buscamos.

Un pequeño higrómetro es una herramienta sencilla para dejar de trabajar a ojo. Si la humedad se mantiene habitualmente por encima del 50 %, puede resultar útil revisar la ventilación o valorar un deshumidificador.

4. Limpia el polvo sin volver a repartirlo por la habitación

Cuando limpiamos el dormitorio, interesa retirar el polvo, no trasladarlo del mueble al aire.

Por ese motivo es preferible utilizar un paño ligeramente húmedo en lugar de un plumero o un trapo completamente seco. Así reducimos la cantidad de partículas que vuelven a quedar suspendidas para depositarse después sobre la cama.

Conviene prestar especial atención al cabecero, mesillas, zócalos, parte inferior de la cama y cualquier superficie donde veamos acumulación.

Si utilizas aspiradora, un equipo con filtro HEPA o filtración de partículas finas puede ser especialmente interesante en hogares con personas alérgicas. La aspiración ayuda a retirar polvo superficial, aunque por sí sola no elimina todos los ácaros presentes en alfombras o tapicerías.

5. Revisa alfombras, cortinas y exceso de textiles

Me gustan los dormitorios con textiles; sería bastante extraño trabajar rodeada de ropa de cama y recomendar después habitaciones desnudas. Pero si existe una alergia importante a los ácaros, merece la pena revisar aquellos elementos que acumulan polvo y resultan difíciles de lavar.

Una alfombra lavable es más fácil de mantener que una moqueta gruesa. Una cortina que podemos introducir en la lavadora plantea menos problemas que un tejido pesado que limpiamos una vez cada varios años. Y los cojines decorativos que nunca se lavan pueden necesitar algo más de atención si viven permanentemente sobre la cama.

No se trata de eliminar todo lo textil, sino de elegir piezas que podamos mantener con cierta facilidad.

¿Hay que lavar también la almohada?

Depende completamente de su composición.

Algunas almohadas admiten lavado a máquina y otras no. Una almohada de fibra puede tener unas instrucciones muy distintas a una viscoelástica, una de látex o una de plumas y plumón.

Por eso nunca recomendaría meter directamente cualquier almohada en la lavadora como medida contra los ácaros. Hay que consultar primero la etiqueta de mantenimiento del fabricante y, si el núcleo no puede lavarse, utilizar una buena funda protectora lavable cobra todavía más importancia.

Puedes consultar también la selección de almohadas de LaNovenaNube, prestando siempre atención a la composición, las indicaciones de lavado y las características concretas de cada modelo.

¿Sirve poner la almohada al sol?

Ventilar la cama y permitir que pierda la humedad acumulada durante la noche es una buena costumbre, y el sol puede ayudar a secar determinados textiles. Sin embargo, no confiaría únicamente en exponer la almohada o las sábanas al sol como tratamiento contra los ácaros.

Aunque consiguiéramos reducir parte de los ácaros vivos, los restos que contienen los alérgenos pueden continuar en el tejido. La eliminación física mediante lavado y limpieza sigue siendo necesaria. Incluso medidas capaces de matar ácaros, como la congelación, no eliminan por sí solas sus alérgenos.

Así que sí a airear la cama y aprovechar un buen día de sol cuando el tejido lo permita, pero como complemento, no como sustituto del lavado.

¿Funcionan los acaricidas y los remedios caseros?

Aquí cambiaría por completo el consejo del artículo original.

No recomendaría pulverizar la almohada y la ropa de cama con aceite de árbol de té pensando que estamos solucionando el problema. Que un producto sea natural no significa automáticamente que sea eficaz como tratamiento doméstico contra los ácaros ni que resulte adecuado para todas las personas, especialmente cuando hablamos de alguien con sensibilidad respiratoria.

Tampoco convertiría los acaricidas químicos en la primera opción. Las recomendaciones profesionales de la AAAAI desaconsejan su uso rutinario por su eficacia limitada para reducir los niveles de alérgenos y por las dudas que plantea añadir productos químicos innecesarios al entorno doméstico.

En un dormitorio prefiero empezar por lo que podemos controlar bien: humedad, lavado, barreras antiácaros, aspiración y eliminación del polvo.

Menos espectacular que un espray milagroso, desde luego, pero bastante más sensato.

Almohadas y fundas antiácaros: qué debes mirar

Si existe alergia diagnosticada, una de las medidas que más se repite en las recomendaciones médicas es encerrar completamente el colchón y la almohada en fundas específicas antiácaros o antialérgenos.

No se trata simplemente de utilizar una funda de almohada convencional de tejido más grueso. Las barreras antiácaros están diseñadas para dificultar el paso de los ácaros y sus partículas y, normalmente, envuelven completamente la pieza mediante una cremallera.

También buscaría tejidos lavables y cómodos, porque una protección que resulta ruidosa, calurosa o desagradable termina muchas veces guardada en un cajón. En ropa de cama, la eficacia importa, pero el confort sigue contando: vamos a pasar unas ocho horas aproximadamente en contacto con ella cada noche.

Entonces, ¿cómo combatir los ácaros de la almohada?

No intentaría convertir el dormitorio en un espacio estéril, porque no lo necesitamos y probablemente tampoco lo conseguiremos.

La estrategia más razonable consiste en reducir nuestra exposición: lavar semanalmente sábanas y fundas, utilizar protectores que podamos lavar con facilidad, controlar la humedad para mantenerla por debajo del 50 %, retirar el polvo con métodos que no lo dispersen y utilizar fundas antiácaros específicas cuando exista una alergia confirmada.

Y si los síntomas aparecen con frecuencia, empeoran durante la noche o afectan a la respiración, no intentaría averiguar la causa cambiando diez veces de detergente o de almohada. La alergia a los ácaros puede confirmarse mediante pruebas realizadas por un profesional sanitario, y saber qué está provocando realmente la reacción permite tomar decisiones bastante más útiles.

Al final, cuidar la cama no consiste solamente en que las sábanas estén limpias y huelan bien. También supone entender qué se acumula en unos textiles que utilizamos cada noche y establecer una rutina suficientemente sencilla como para mantenerla durante todo el año.

Porque, cuando hablamos de orden y limpieza en casa, casi siempre ocurre lo mismo: lo que hacemos regularmente funciona mejor que aquello que hacemos de forma extraordinaria una vez cada seis meses.

Clara Gomarro
Redactora de LaNovenaNube especializada en decoración, orden y textiles para el hogar.

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